Hoy en día, el pollo frito coreano es considerado una delicia gourmet global. Desde Nueva York y Londres hasta Shanghái y, por supuesto, nuestra hermosa ciudad de Puebla, miles de personas caen rendidas ante su textura crujiente y sus salsas magnéticas. Sin embargo, este platillo no siempre existió en la península coreana. Su origen es el resultado de un fascinante choque de culturas, resiliencia histórica y una obsesión implacable por la perfección técnica.
Para entender por qué en Dakjjang nos tomamos tan en serio cada pieza de pollo que preparamos, es necesario viajar unas décadas en el tiempo y conocer la historia de cómo nació este icono culinario.
El Encuentro de Dos Mundos
Históricamente, la forma tradicional de consumir pollo en Corea era el Baeksuk, un pollo entero cocinado al vapor en un caldo suave con hierbas aromáticas y ginseng, enfocado principalmente en la salud. El concepto de freír pollo en abundante aceite era completamente ajeno a la cultura local.
Todo cambió a principios de la década de 1950, durante la Guerra de Corea. Los soldados estadounidenses estacionados en la península trajeron consigo sus costumbres de celebrar el Día de Acción de Gracias y las festividades friendo piezas de pollo al estilo sureño de su país. Los cocineros coreanos locales que trabajaban en las bases militares observaron esta técnica y quedaron fascinados por la textura. Había nacido una chispa de curiosidad culinaria.
El Nacimiento del «Pollo de Mercado» y la crisis económica
En las décadas de 1960 y 1970, con la llegada del aceite de cocina comercial y el crecimiento económico, abrieron los primeros locales dedicados al pollo entero frito en mercados tradicionales, conocido como Tongdak. Era un lujo accesible para las familias de la clase trabajadora durante los fines de semana.
Pero el verdadero punto de inflexión ocurrió a finales de los años 90, durante la crisis financiera asiática. Miles de personas perdieron sus empleos corporativos en Seúl. Buscando una forma de autoempleo para sacar adelante a sus familias, una enorme cantidad de ciudadanos invirtió sus ahorros en abrir pequeños locales de pollo frito. La competencia se volvió brutal de la noche a la mañana.
Esta saturación del mercado obligó a los cocineros a innovar desesperadamente para sobrevivir. Ya no bastaba con freír pollo; tenía que ser el mejor pollo del planeta. Fue en este período de intensa competencia cuando se perfeccionó de manera científica la técnica de la doble fritura (para eliminar la grasa y crear una costra ultraligera) y se desarrollaron las complejas salsas glaseadas que hoy conocemos. El pollo frito pasó de ser comida de supervivencia a convertirse en un arte culinario refinado.
Trayendo el Alma de Seúl a Puebla
Cuando fundamos Dakjjang, no queríamos abrir una simple sucursal de alitas o pollo genérico. Nuestro propósito fue honrar esa historia de perfección artesanal. Traer el «alma de Seúl» a Puebla significa respetar rigurosamente la técnica que los maestros coreanos desarrollaron: el marinado exacto, el control preciso de la temperatura del aceite y el glaseado manual pieza por pieza.
Cada vez que abres una caja de Dakjjang, estás consumiendo décadas de evolución cultural, pasión por los detalles y diseño gastronómico premium.
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